Es algo que sin duda has escuchado antes: ceñirse a un presupuesto y ahorrar dinero ahora te ayudará más tarde, una vez que te hayas graduado. Si te esfuerzas por ahorrar dinero cuando estás en la universidad, cuando termines los estudios, tendrás una ventaja al poder pagar cosas como tu propio automóvil o tu casa, además de tener un colchón en el que apoyarte mientras te enfrentas a las primeras etapas de tu carrera. ¿Por dónde empezar?

Crea un presupuesto. 

La idea de diseñar un presupuesto puede parecer abrumadora al principio: ¿quién tiene la energía para sentarse y planificar los aspectos más pequeños de su situación financiera después de un largo día de clases, exámenes y otras obligaciones? Sin embargo, esto de hecho puede ser algo bastante fácil de hacer. Estos son algunos consejos para crear un presupuesto que pueden ayudarte no solo a llevar un control de tu dinero, sino también a ahorrar algunos fondos para después de graduarte:

Habla de ello.

Si acabas de empezar la universidad, es importante que hables sobre tus finanzas con tus padres o tutores si piensan ayudarte a pagar la universidad u otros gastos. Entiende qué gastos cubrirán y de cuáles tú serás responsable. Toma notas durante esta conversación. Además de ofrecer una mejor idea de tus obligaciones financieras, esta información puede ser útil a la hora de preparar tus impuestos o la solicitud FAFSA.

Calcula tus ingresos mensuales.

Cuenta las fuentes de ingresos que tengas actualmente, como los ingresos del trabajo o las ayudas regulares que recibes de tu familia. Si eres responsable de pagar la matrícula o el alojamiento y la comida, asegúrate de incluir también cualquier beca, subvención o ayuda financiera que pueda ayudar a reducir esos pagos para ti.

Haz una lista de tus gastos.

Dedica algo de tiempo a pensar en todos los gastos de los que eres responsable cada mes. Empieza por lo básico: matrícula, alojamiento y alimentos (o alquiler y servicios, si vives fuera del campus), libros y material de clase, teléfono, pagos del automóvil y seguro (o gastos de transporte público), cortes de pelo, artículos de aseo y, por supuesto, comida. Asegúrate también de destinar algo de dinero para ahorrar con la finalidad de crear un fondo para emergencias financieras y ahorrar para tu futuro. Una vez que sepas cuánto dinero se destina a estas cosas esenciales cada mes, tendrás una mejor idea de cuánto te sobra para compras discrecionales, como salir con amigos.

Lleva un control de tus gastos.

Es importante llevar la cuenta de adónde va tu dinero para que te ciñas a tu presupuesto y desarrolles buenos hábitos de gasto. Hay una variedad de aplicaciones para presupuestos disponibles para ayudarte. Acostúmbrate al hábito de incluir tus gastos diarios o semanales para tener una visión rápida de cómo te va y en qué puedes estar gastando en exceso.

Actualiza tu presupuesto.

Si hay algo que todos hemos aprendido de la pandemia de la COVID-19, es que la vida puede cambiar rápida e inesperadamente. Ten en cuenta que las partidas que has definido en tu presupuesto están sujetas a cambios, y aprende a sortear esas situaciones. ¿Subieron las primas de tu seguro después de un accidente? ¿Has ganado una nueva beca o subvención por todo el trabajo arduo que dedicaste a la solicitud? Haz esas actualizaciones de tu presupuesto a medida que ocurran para que tengas un informe lo más preciso y actualizado posible de tus finanzas.

Gasta menos, ahorra más.

Ahora que tienes un presupuesto, puedes identificar las áreas en las que puedes gastar menos y ahorrar para tus metas a largo plazo. Estas son algunas ideas para que comiences:

  • Considera la posibilidad de cambiarte a un plan de alimentos menos costoso si descubres que normalmente te sobra dinero en tu cuenta.
  • Alquila o compra libros usados en lugar de nuevas ediciones en la librería. Es posible que tu universidad también ofrezca otras opciones menos costosas para los materiales de estudio.
  • Busca lugares en el campus que ofrezcan servicios de impresión gratuitos. Los costos de imprimir las tareas para la clase se pueden acumular rápidamente.
  • Si te das cuenta que necesitas nueva tecnología para tu clase, prueba un modelo reacondicionado en lugar de uno nuevo.
  • Considera la posibilidad de caminar, andar en bicicleta o tomar el transporte del campus en lugar de pagar por la gasolina, el seguro y el estacionamiento de un automóvil durante los años que estés en la universidad.
  • Aprovecha los descuentos para alumnos que se ofrecen en algunos cines, restaurantes, museos, etc.

Como muchas cosas en la vida, hacer un presupuesto y ahorrar son habilidades que requieren tiempo y práctica para que salgan bien. Si te das cuenta que cometes errores o te pasas del presupuesto de vez en cuando, no te preocupes. Puedes hacer ajustes para retomar el rumbo. ¡Lo importante es mantenerte enfocado en desarrollar hábitos financieros saludables que te servirán por muchos años!

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