El trabajo no remunerado de las mujeres es uno de los cuatro factores principales de la brecha económica de género de 257 años. En todo el mundo, las mujeres dedican entre tres y seis horas[1] a los cuidados no remunerados, mientras que los hombres, en promedio, dedican entre media hora y dos horas a hacer lo mismo. Este trabajo no remunerado puede impedir que las mujeres progresen en sus carreras profesionales, o incluso impiden que puedan trabajar.

El trabajo no remunerado puede adoptar muchas formas, incluido el cuidado de los niños, pero también se da en el lugar de trabajo, a menudo en forma de trabajo sin posibilidades de ascenso. Estas tareas adicionales suelen recaer sobre los hombros de las mujeres, lo que puede hacer que muchas se sientan sobrecargadas y abrumadas con un trabajo que no es fundamental para sus carreras profesionales, o que no es útil para su progreso profesional.

Lise Vesterlund, profesora de economía de la Universidad de Pittsburgh y coautora de The No Club: Putting a Stop to Women's Dead End Work (Poner fin al trabajo sin futuro de las mujeres), dice: "Estamos comprobando que las mujeres se llevan la peor parte, sea cual sea el trabajo".

En su libro, Vesterlund expone un manual repleto de consejos para ayudar a las mujeres a defenderse de lo que ella y sus coautores denominan "trabajo sin posibilidades de ascenso": planificar fiestas en la oficina, atender a los clientes que consumen mucho tiempo o son muy sensibles, seleccionar a los becarios, etc.

"No estamos hablando sólo de guardar una taza de café o de limpiar una cocina común: estamos hablando de una gran cantidad de trabajo”, dice Vesterlund.

Resistirse al trabajo no remunerado puede significar, en parte, sentirse cómoda diciendo no más a menudo. Esto puede significar abordar tus necesidades con el mismo grado de importancia que los tipos de peticiones del trabajo, los amigos y la familia: un "sí" de manera automática puede ser el primer hábito a romper. Cuanto menos aceptemos automáticamente, más podremos concentrarnos en las tareas prioritarias.

"Un factor que contribuye en gran medida a que las mujeres hagan este trabajo es que esperamos que lo hagan", afirma Vesterlund. Se espera que las mujeres sean menos propensas a decir que no. Esto perpetúa las culturas de oficina donde las mujeres realizan un trabajo más invisible o sin posibilidades de ascenso.

"En nuestros estudios, descubrimos que las mujeres no hacen este trabajo porque realmente lo disfrutan. Más bien, es que esperamos que digan que sí. Ellas también esperan decir que sí".

El trabajo no remunerado puede parecer, en un entorno profesional, una necesidad para avanzar en tu carrera profesional. Y, ciertamente, gran parte del trabajo no remunerado es esencial para crear una cultura laboral gratificante. Pero hay un límite de lo que se puede asumir, de forma remunerada o no, por el bien de la carrera profesional. Entonces, ¿cuál es la solución?

Las empresas deberían reconsiderar lo que estiman que tiene posibilidades de un ascenso, afirma Vesterlund, adoptando un enfoque más inclusivo a la hora de decidir lo que cuenta para generar ingresos o tener éxito y, posteriormente, dirigir sus organizaciones a través de un cambio en la forma de asignar el trabajo para el que no hay posibilidades de ascensos. 

Las mujeres deben evitar decir que sí de manera automática. "Cuando las mujeres empiezan a decir que no, nuestra investigación muestra que es más probable que experimenten reacciones negativas", señala Vesterlund, así que "deja de pensar en el trabajo sin posibilidades de ascenso como un sí o un no, sino como un sí negociado”.