La fase en la que el asombro, la fe, las anécdotas y los casos de uso preliminares pueden sostener niveles de valoración observados solamente una vez por generación, y en la que la expansión de la tecnología está llegando a su fin. En 2026, es probable que la “demostración” sea la disposición de los inversionistas y mercados financieros. Demuéstreme que las compañías obtienen sólidos retornos sobre las inversiones realizadas en inteligencia artificial (IA). Demuéstreme que la expansión excesiva de los gastos de capital en IA no sepultará la economía. Demuéstreme que las elevadas valoraciones del mercado de valores se justifican con las ganancias y los incrementos de productividad en constante expansión. Y demuéstreme que una economía bifurcada, “en forma de K”, no seguirá la tendencia a la baja.
La Reserva Federal (Fed) también prevé un nivel similar de pruebas tangibles con respecto a la dirección de la economía. La reducción de la tasa oficial a corto plazo de más del 5 % a mediados de 2024 a su rango actual del 3.5 % al 3.75 % simplemente requirió un equilibrio de riesgos. Sin embargo, la posibilidad de llegar a una tasa del 3 % o inferior probablemente requiera datos convincentes que indiquen un debilitamiento constante del mercado laboral, incluso en medio de un crecimiento económico sólido, y que la inflación converja de manera sostenida hacia el objetivo del 2 % establecido por la Fed.
Afortunadamente, creemos que en gran medida se cumplirán las expectativas de “demostración” de 2026. El incremento de la productividad, respaldado por las políticas monetarias y fiscales, debe dar lugar a un cuarto año consecutivo de retornos favorables. Es probable que se presenten consideraciones de cambio estructural junto con las conversaciones de promedios históricos. De hecho, hay riesgos presentes, y es posible que surjan desequilibrios ocultos o que nuestra expectativa de que las tasas de interés a largo plazo se mantengan dentro del rango se vea alterada. Además, la molesta lista de pruebas que busca el mercado podría ser en sí misma un indicador de una economía con una capacidad por debajo del promedio para amortiguar un golpe inesperado.
Se espera que el año 2026 presente una mayor apreciación de las tendencias transformadoras que apenas comienzan a surgir. El intento de los mercados financieros por “incorporar en los precios” el impacto de un futuro incierto y el rango actual de resultados previstos es sumamente amplio. En última instancia, la mentalidad de “demostración” no se centra tanto en los datos, sino en entender el camino por delante.