Las operaciones bursátiles y la inversión a largo plazo pueden considerarse casi como dos caras de la misma moneda: ambos enfoques intentan generar rendimientos mediante inversiones específicas en los mercados financieros. 

Sin embargo, la forma en que se generan estos rendimientos -y los riesgos asociados a cada enfoque- es lo que realmente diferencia a los operadores de bolsa y a los inversionistas.

En un extremo del espectro están los operadores de bolsa. Si esta fuera la historia de la tortuga y la liebre, ellos serían la liebre. Intentan cronometrar los mercados comprando títulos y cambiándolos rápidamente para obtener beneficios, es decir, comprando a la baja, vendiendo a la alta y repitiendo la operación una y otra vez.

En el otro extremo del espectro están los inversionistas. Los inversionistas son como la tortuga, con un enfoque más lento y metódico. Los inversionistas tienden a comprar títulos con una perspectiva a largo plazo, creando una cartera que pretenden mantener durante largos periodos de tiempo -que van de años a décadas- a través de los altibajos de los ciclos de mercado hasta alcanzar una meta específica.

Así pues, en lo que respecta a las operaciones en bolsa frente a las inversiones, aunque es difícil señalar un enfoque como "mejor" que el otro, existen ciertas ventajas en un enfoque metódico a largo plazo. Sólo pregunta a la tortuga.

Los riesgos de las estrategias de comprar y vender a corto plazo.

Los operadores de bolsa actuales tienen acceso a más herramientas e información que nunca. Sin embargo, la información no es lo mismo que el conocimiento, y no cambia el riesgo de intentar cronometrar los mercados.

A fin de cuentas, los operadores de bolsa tienen que acertar dos veces: primero cuando compran un título y luego cuando lo venden. Si se equivocan en el momento, pierden dinero. Además, deben hacerlo repetidamente, con diferentes títulos y a lo largo de diferentes tramos del ciclo de mercado. Esto significa que cualquier riesgo que pudiera afectar a la economía: agitación política, un desastre natural, incluso una pandemia, podría afectar en gran medida su capacidad para lograr este momento correctamente. Además de eso, las operaciones en bolsa conllevan sus propios costos (como las ganancias de capital a corto plazo gravadas a tasas de ingresos ordinarios, así como las comisiones y los honorarios) que los inversionistas a largo plazo no generan con la misma frecuencia.

Demasiado grandes para fracasar... hasta que fracasan

Con el reciente frenesí bursátil en torno a GameStop, y antes de eso, Tesla, y antes de eso Bitcoin, es importante recordar que no hay tal cosa como una oportunidad de negocio "que no se puede perder". Para ponerlo en perspectiva, en los 17 años transcurridos entre 2000 y 2017, el 52 % de las empresas de la lista Fortune 500 han quebrado, han sido adquiridas o han dejado de existir.[1] En otras palabras, muchas empresas consideradas como apuestas seguras para los operadores son en sí mismas simplemente una moneda de cambio.

Las ventajas de una estrategia de mantenimiento a largo plazo

A diferencia de las operaciones bursátiles, la inversión es una estrategia de mantenimiento a largo plazo. Los inversionistas identifican una meta y arman una cartera diversificada que ajustan con el tiempo a medida que avanzan hacia dicha meta. Un ejemplo común sería una cartera que se conserva en una cuenta individual para la jubilación (IRA).

Con una cuenta IRA, un inversionista probablemente está buscando generar rendimientos para financiar una jubilación que podría estar a décadas de distancia, y es probable que no esté revisando o ajustando sus inversiones a diario.

Los estudios han demostrado que un enfoque a largo plazo ofrece un camino más sostenible para crear riqueza. Entre enero de 1971 y mayo del 2020, si hubieras elegido un día al azar para comprar y negociar, habrías tenido un 52,3 % de posibilidades de generar un beneficio, otra cara de la moneda. Sin embargo, una estrategia a más largo plazo, de sólo 65 días, elevaría esas probabilidades a cerca del 65 %. Al año, esas probabilidades eran de casi el 72 %, y a los diez años alcanzaban casi el 94 %.[2]

Cinco pasos que puedes dar para ayudar a construir una estrategia de inversión exitosa

Incluso con las probabilidades a tu favor, hay diferentes acciones que puedes tomar para ayudar a mejorar tus posibilidades de tener éxito con una estrategia de inversión a largo plazo. Es importante:

  1. Entender los objetivos, tolerancia al riesgo y horizonte en el tiempo de tus inversiones. Antes de empezar a invertir, debes saber en qué vas a invertir, de cuánto tiempo dispones y cuánto riesgo estás dispuesto a asumir para alcanzar esa meta.
  2. Desarrolla un perfil de asignación de activos que proporcione diversificación entre activos y clases de activos. No pongas todos tus huevos en una canasta. De este modo, cuando ciertos títulos tengan un rendimiento inferior debido a las condiciones del mercado, tu cartera podrá seguir generando rendimientos de otros activos.[3]
  3. Reequilibra tu cartera regularmente (trimestralmente, anualmente, etc.) para volver a tu asignación de activos objetivo. No dejes que las oscilaciones del mercado te lleven a una ponderación excesiva en un tipo de título, por ejemplo, comprar más acciones de un título que se desempeñe particularmente bien.
  4. Sé consciente de los impuestos y las comisiones que afectan a tus rendimientos. Los distintos enfoques de inversión implican diferentes comisiones y consecuencias fiscales. Asegúrate de saber qué pagas y por qué lo haces..
  5. Practica la paciencia y prepárate para el largo recorrido. Recuerda la tortuga y la liebre. Invertir debe ser considerado como una marcha lenta y constante hacia tus objetivos.

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