Un número cada vez mayor de personas en los Estados Unidos no están casadas. “Un . . . análisis realizado por el Pew Research Center con datos censales identificó que en 2019 casi cuatro de cada diez adultos de 25 a 54 años (38 %) no tenían pareja, es decir, no estaban casados ni vivían con una pareja. Esta proporción representa un fuerte aumento con respecto al 29 % de 1990. Los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de no tener pareja, lo cual no era el caso hace 30 años [citas omitidas]”.[1] Parte de esto se debe a que las personas retrasan el matrimonio o renuncian a este, y un mayor número de personas optan por la cohabitación sin estar casados.[2]

Según los Centros de Control de Enfermedades de los EE. UU., “los adultos de los Estados Unidos posponen el matrimonio cada vez con más frecuencia y se prevé que los adultos jóvenes renuncien al matrimonio por completo”.[3] La edad promedio en la que los estadounidenses se casan por primera vez ha estado aumentando de forma continua.[4]

Aunque la tasa de divorcio ha estado disminuyendo de forma constante en los Estados Unidos, 2.3 de cada 1,000 estadounidenses se divorciaron en 2020.[5]

Gráfico 1. MS-2. Edad promedio al momento del primer matrimonio: De 1890 a la actualidad
noviembre de 2021

Fuente: Oficina del Censo de los EE. UU., Censos Decenales de 1890 a 1940, y Encuesta de población actual, complementos económicos y sociales anuales de 1947 a 2021.
Nota: A partir de 2019, las estimaciones de matrimonios ahora incluyen a las parejas casadas del mismo sexo.
Departamento de Comercio de los EE. UU., Oficina del Censo de los EE. UU. https://www. census.gov/data/tables/time-series/demo/families/marital.html Figura MS-2

Ver la versión accesible de este gráfico.

De modo interesante, muchas personas solteras de los Estados Unidos no están interesadas ni siquiera en tener citas, pues la mayoría de quienes son divorciados o viudos evitan tener citas o buscar una relación. Lo mismo es cierto con respecto a las personas solteras de mayor edad, pues “la mitad de quienes tienen entre 50 y 64 años y las tres cuartas partes de quienes tienen 65 años o más, no buscan una relación ni tener citas en este momento”.[6]

De hecho, en los Estados Unidos, la brecha entre el número de personas casadas y el número de personas que no están casadas ha disminuido drásticamente de 1950 a la actualidad.

Dado que tantos adultos solteros están contentos de permanecer solos,[7] la planificación se vuelve muy importante para las personas que no están casadas, particularmente debido a que las ventajas del impuesto de sucesión y del impuesto sobre donaciones que están disponibles para los ciudadanos y residentes casados de los Estados Unidos no están disponibles para las personas solteras. Por lo tanto, el hecho de no tener los documentos básicos de planificación puede generar resultados imprevistos e impuestos innecesarios. 

Gráfico 2. La vida de soltero
La brecha entre los estadounidenses casados y los que no están casados se ha reducido desde 1950
14 de febrero de 2022

Fuente: Oficina del Censo de 1950 y 1960 y la Encuesta de población actual, complementos económicos y sociales anuales.
Departamento de Comercio de los EE. UU., Oficina del Censo de los EE. UU., https://www.census.gov/library/visualizations/2022/comm/the-single-life.html

Ver la versión accesible de este gráfico.

En los Estados Unidos hay muchas personas que no están casadas. Estas incluyen desde adultos jóvenes que estudian en la universidad o comienzan su primer empleo, hasta los padres divorciados que tienen hijos menores de edad, así como los viudos y las viudas. Desde luego, esta lista no es exhaustiva. Por necesidad, las ideas que presentamos aquí tienen una naturaleza general, pues no es posible abordar cada vida y estilo de vida especifico. Debes consultar con tu abogado y tus asesores fiscales, financieros y demás asesores para asegurarte que tu planificación se ajuste a tus circunstancias específicas.

Lo básico: documentos necesarios

Como dice el viejo refrán, espera lo mejor, pero prepárate para lo peor.[8] Ciertamente, pero, ¿y si de hecho ocurre lo peor? Si eres una persona que no está casada y vive sola, ¿quién se haría cargo de tus asuntos si tú no pudieras hacerlo? Alternativamente, si eres una persona no casada que cohabita con otra, si quisieras que la persona con la que cohabitas se hiciera cargo de tus asuntos, ¿esa persona tendría permitido hacerlo sin documentación formal? La mayoría de los estados tienen leyes que obligan a dar una respuesta a esas preguntas (y otras por el estilo). Para evitar que la regla predeterminada creada por la legislatura de tu estado se aplique a tus circunstancias, tener los documentos adecuados en orden puede garantizar que tengas la oportunidad de elegir a la persona que tendrá la autoridad de hacerse cargo de tus asuntos en caso que tú no puedas hacerlo.

Atención médica

¿Quién se comunicará con tus proveedores de atención médica en caso que tú no puedas hacerlo? Los estados han promulgado leyes que te permiten elaborar un documento en el cual puedes designar a uno o varios agentes para que se comuniquen con tus proveedores de atención médica. Estos documentos tienen diversos nombres, tales como “poder notarial para atención médica”, “poder de atención médica” y “declaración de atención médica” (para facilitar la referencia, dichos documentos se denominan documentos de atención médica). Independientemente del nombre, un documento de atención médica te permite indicar tus preferencias y designar a una persona (un agente) para que se comunique con otros con respecto a tu atención médica.

Si no designas a dicha persona en tu documento de atención médica se puede generar un caos, o cuando menos puede haber confusión. Es posible que tus proveedores de atención médica recurran a tu “familiar más cercano” para pedir consejo, quizás a uno de tus padres o hijos. ¿Qué sucede si tuvieras varios hijos que no estén de acuerdo con respecto a tu tratamiento médico? Si tu familia no está de acuerdo con respecto a tu tratamiento, el desacuerdo podría dar lugar a una disputa en la corte para designar al tutor de tu persona. Esto no solo es costoso, sino que también puede llevar mucho tiempo. Para decirlo de una manera franca, podrías morir esperando que se resuelva el desacuerdo. Puedes evitar esta posibilidad al designar un agente en un documento de atención médica.

Si cohabitas con una persona, pero no estás casado, legalmente esa persona no forma parte de tu familia. Dado que la persona con la que cohabitas no es un familiar cercano, es posible que dicha persona sea excluida de las discusiones referentes a tu atención médica. De hecho, si te están atendiendo en un área del hospital que se limite únicamente a los familiares, es posible que la persona con quien cohabitas sin estar casado no tenga permitido visitarte. Si quieres que la persona con quien cohabitas tome decisiones en tu nombre con respecto a tu atención médica, debes designar a dicha persona como agente en tu documento de atención médica.

En el caso de una persona soltera que vive sola por primera vez, quizás porque se fue a estudiar a la universidad[9] o porque consiguió su primer empleo, un documento de atención médica puede ayudar de una manera diferente. La ley federal garantiza la privacidad de tu información de atención médica. Si te enfermas mientras estás en la universidad, las leyes de privacidad médica impedirían que tus proveedores de atención médica discutan tu condición y tu tratamiento con tus padres. Designar a tus padres como agentes en tu documento de atención médica permitiría que tus proveedores de atención médica discutan tus necesidades médicas con ellos.

Una vez que hayas completado un documento de atención médica, debes asegurarte de que cada uno de tus proveedores de atención médica reciba una copia. También debes asegurarte de que se adjunte una copia a tu historia clínica en el hospital local en el que tus médicos tengan privilegios de ingreso.

Si bien todo mundo debería tener un documento de atención médica, hay cosas prácticas que también deberías hacer, en particular si vives solo. Por ejemplo, si llegases a enfermarte y no pudieras llamar para pedir ayuda, ¿alguien chequearía cómo estás? Quizás resulte lógico tener una red de contactos, amigos y parientes para quienes una rutina interrumpida daría lugar a que alguien pase a verte. Consulta a tus proveedores de atención médica con regularidad y según sea necesario. Debes conocer los síntomas de las enfermedades graves, como un ataque cardíaco y un ataque cerebral. No ignores las señales de advertencia. Si tienes un padecimiento crónico, utiliza una pulsera o un collar de alerta médica. El viejo refrán definitivamente es correcto: “más vale prevenir que lamentar”.[10]

Voluntades anticipadas

Como es el caso de la toma de decisiones de atención médica, el hecho de no establecer claramente y designar una persona que comunique tus voluntades anticipadas puede conducir no solo al caos y la confusión, sino también al sufrimiento.

Los estados han promulgado leyes que te permiten elaborar un documento en el cual puedes establecer tus decisiones referentes a tus voluntades anticipadas y puedes designar a uno o varios agentes para que comuniquen dichas decisiones a tus proveedores de atención médica y otras personas. Aunque estos documentos tienen muchos nombres, para facilitar la referencia los denominaremos testamento en vida.

Ha habido casos famosos en los que familias han pasado años en los tribunales entablando litigios con respecto a la decisión de una persona incapacitada para retirar la atención de soporte vital al final de su vida. Estas peleas son trágicas, en particular cuando la persona en cuestión es joven. Sin embargo, si no se establecen indicaciones claras en tu testamento en vida, es posible que tus familiares peleen por imponer su propio juicio con respecto a tu atención. Recordemos el famoso caso de Terri Schiavo, en el que una joven que había pasado diez años en un estado vegetativo permanente fue objeto de una batalla de siete años en un tribunal entre su esposo (que era su tutor legal) y sus padres con respecto a retirar el tratamiento de soporte vital.

Sin un testamento en vida, las personas que no sean tus familiares, por ejemplo, una persona con quien cohabitas desde hace mucho tiempo, podría ser excluida de la toma de decisiones, lo que posiblemente excluiría del proceso a la persona que quizás sea quien mejor entiende tus deseos.

Finalmente, si no estableces claramente tu intención, es posible que tu familia quede dividida por las decisiones referentes a tu atención, generando así una ruptura irreparable por lo que inevitablemente es una decisión muy difícil y con frecuencia desgarradora. Imagina si dos de los tres hijos estuvieran de acuerdo en poner fin al soporte vital y uno de los hijos se opusiera enérgicamente. Esa decisión mayoritaria podría hacer pedazos a la familia.

Siempre hay aspectos prácticos a considerar con respecto a las voluntades anticipadas. Una vez que hayas completado un testamento en vida, debes asegurar que cada uno de tus proveedores de atención médica reciba una copia. Debes asegurar que se adjunte una copia a tu historia clínica en el hospital local en el que tus médicos tengan privilegios de ingreso. Además, si no deseas recibir tratamiento de RCP de emergencia, en algunas circunstancias algunos estados permiten que tu médico ponga una orden de “no brindar reanimación” (DNR, por sus siglas en inglés) en tu registro y que tú lleves una tarjeta DNR o utilices una pulsera o un collar de alerta médica. De esa manera, si sufres un paro cardíaco, el escuadrón de rescate no te brindará reanimación y solo te administrará soporte vital, el cual se puede retirar posteriormente según lo estipulado en tu testamento en vida.

Por último, recuerda que tu testamento en vida entra en vigor en circunstancias muy específicas. Por ejemplo, conforme a la ley de Pensilvania, un testamento en vida establece instrucciones cuando se ha determinado que estás incapacitado y sufres de un padecimiento médico de fase terminal o estás inconsciente de forma permanente. Los términos “incapacitado”, “padecimiento médico de fase terminal” e “inconsciente de forma permanente” se definen en las leyes de Pensilvania.[11] A menos que se cumplan las condiciones establecidas en las leyes, tu testamento en vida no entrará en vigor.

Poder notarial duradero (para cuestiones financieras)

Imagina qué sucedería si tuvieras un accidente o sufrieras un evento de salud después del cual no fueses capaz de administrar tus asuntos financieros. Si no tienes un poder notarial duradero, es posible que tu familia tenga que recurrir a un tutor designado por el tribunal para que administre tus activos. Acudir al tribunal consume tiempo y recursos. Una mejor estrategia podría ser formalizar un poder notarial duradero que designe agentes y agentes sustitutos que actúen en tu nombre.

Si alguna vez te encuentras incapacitado o simplemente no estás disponible, incluso durante un breve periodo de tiempo, tu agente puede administrar tus asuntos financieros mientras tú no puedes hacerlo. Un poder notarial duradero puede ser útil para permitir el pago de tus facturas con tus recursos disponibles durante una época difícil.

Como es el caso de cualquier cargo de confianza, la persona que elijas dependerá de tus circunstancias. Debes elegir a tu agente con cuidado, ya que esa persona puede hacer con tus activos prácticamente todo lo que tú harías con ellos. De hecho, un poder notarial general podría permitir que tu agente done tus bienes. No supongas automáticamente que un familiar, como un hijo, es la mejor opción. Se han presentado casos en los que un hijo utiliza un poder notarial para robar fondos de uno de sus padres. Tu agente podría ser la persona con quien cohabitas, un familiar de confianza, un amigo o incluso tu abogado o contador. Aunque puede ser engorroso, puedes designar dos o varios agentes que se desempeñen de forma conjunta. Tu poder notarial podría requerir que tus agentes designados lleguen a un acuerdo mayoritario o unánime antes que puedan actuar. Sin embargo, debes tener en cuenta que en una emergencia es probable que tal requerimiento impida actuar rápidamente.

Fideicomiso revocable

Otra manera de tener una administración consistente de tus activos susceptibles de inversión (y demás activos) sería financiar un fideicomiso revocable durante tu vida. Como su nombre lo indica, este es un fideicomiso que puedes revocar o modificar durante tu vida. Tú serías el beneficiario del fideicomiso. Normalmente, tú también serías el fideicomisario. Tus activos de inversión se mantendrían en el fideicomiso (el fideicomiso también podría tener otros activos).[12] Si llegaras a estar incapacitado o fallecieras, tu fideicomisario sucesor se convertiría de inmediato en fideicomisario y continuaría administrando los bienes del fideicomiso de forma ininterrumpida. Como se describe a continuación, el fideicomiso también realizaría la disposición de tus activos después de tu fallecimiento.

Disposición de bienes tras el fallecimiento

Todos moriremos. Después de tu fallecimiento, tus bienes deben ser administrados. Es decir, alguien debe reunir tus activos, pagar las deudas pendientes, pagar tus impuestos sobre la renta finales y los impuestos relacionados con la transferencia de tus activos y, por último, distribuir tus bienes restantes entre tus beneficiarios. Se han escrito muchos libros referentes a la planificación de la disposición de bienes y los impuestos relacionados con estos tras el fallecimiento. Aquí presentamos algunos recordatorios sobre algunos de los inconvenientes. La situación de cada persona es única, por lo que debes consultar con un abogado que se especialice en planificación y administración patrimonial con respecto a tus circunstancias.

Un testamento, o un testamento en combinación con un fideicomiso revocable,[13] dispondría de tus bienes después de tu fallecimiento. Tal documento o documentos también designarían a una o varias personas o entidades que lleven a cabo tus instrucciones, lo que incluye la asignación de impuestos entre tus beneficiarios. Al considerar la disposición de tus bienes tras tu fallecimiento, recuerda:

  • Si no haces un testamento, la ley estatal enajenará tus bienes. Es posible que no quieras que se apliquen las reglas predeterminadas establecidas por la legislatura de tu estado para determinar quien recibirá tus bienes. Si cohabitas con una persona con quien no estás casado, esa persona no recibiría los bienes de conformidad con las leyes de sucesión intestada de tu estado.
  • Si no haces un testamento, la ley estatal también determinará quién tiene derecho en primer lugar a administrar tus bienes. Si cohabitas con una persona con quien no estás casado, esa persona probablemente no sea elegible para administrar tus bienes a menos que dicha persona también fuese tu acreedor o que tu familia aceptara que dicha persona administre los bienes.[14]
  • Si no estás casado y no tienes hijos, tus familiares cercanos, que podrían ser tus padres, son quienes recibirían tus activos conforme a la ley de sucesión intestada del estado. Si tus padres poseen el patrimonio suficiente para estar sujetos al impuesto federal de sucesión o al impuesto sobre la herencia, legar tus activos a tus padres aumentaría su posible obligación fiscal futura. Además, si tus padres no renuncian eficazmente a su herencia y posteriormente desean donar lo que heredaron de ti a tus hermanos, es posible que tengan que planificar a fin de evitar un impuesto sobre donaciones (o el uso de sus exclusiones de por vida).[15]
  • No todos los bienes se heredan mediante un testamento. Algunos activos, como los planes de jubilación, las cuentas IRA y los seguros de vida se heredan de conformidad con la designación de beneficiarios. Debes asegurar que tu designación de beneficiarios coincida con tu plan patrimonial. Además, no debes olvidar completar la designación de beneficiarios para los beneficios proporcionados por tu empleador. Muchas compañías proporcionan a sus empleados planes de jubilación calificados y seguros de vida a plazo bajo contrato colectivo. Debes asegurar que dichos activos se transfieran a los destinatarios deseados al completar la designación de beneficiarios.

Poseer bienes

Se está volviendo más común cohabitar con una persona con quien no se está casado, particularmente en el caso de los estadounidenses entre 18 y 24 años. De hecho, en dicho grupo de edad, cohabitar con una persona sin casarse es más común que vivir con un cónyuge.[16] En el caso de las personas que no están casadas, poseer propiedad de forma conjunta puede ser complicado. El hecho de no planificar para tal propiedad puede tener consecuencias funestas.

Asumir la titularidad de la propiedad

La forma en que poseas la propiedad hace una diferencia. Si las personas que no están casadas poseen propiedad en calidad de copropietarios con derecho de supervivencia, por lo general, conforme a la ley estatal, tras el fallecimiento de uno de los propietarios, el propietario sobreviviente automáticamente se convertiría en dueño de la propiedad completa. Sin embargo, si la propiedad en su lugar se posee en calidad de copropietarios sin derecho de supervivencia, la mitad perteneciente del propietario fallecido, por lo general, se trasladaría a los bienes del propietario fallecido, lo que permite que este transfiera su parte a una persona distinta al propietario superviviente en caso de que esa sea la intención del propietario fallecido. Sin planificación adicional, por ejemplo, al elaborar un testamento en el que se legue la propiedad al propietario superviviente, la mitad perteneciente al propietario fallecido se podría heredar a familiares cercanos, como sus padres, hijos o hermanos. El propietario superviviente podría verse obligado a comprar la otra mitad de la propiedad o venderla y mudarse.

Las personas que cohabitan sin estar casadas no tienen los mismos derechos que las personas casadas. Por ejemplo, si solo una de las personas que cohabitan es dueño de la propiedad en la que viven, quien no sea propietario podría ser desalojado por el propietario. 

Es posible que las leyes de derechos de arrendatarios otorguen cierta protección a quien no es propietario con respecto al acuerdo de convivencia; sin embargo, al no ser propietario, si peleas con la persona con quien cohabitas, podrías quedar en la calle. Antes de decidir cohabitar con alguien, las personas deben crear reglas con respecto a su acuerdo de convivencia y a la división de la propiedad en el supuesto que ocurra una separación. Dichas reglas se deben documentar en un acuerdo de cohabitación por escrito. Dado que dicho acuerdo es un contrato (al igual que cualquier otro acuerdo comercial), al elaborar el acuerdo, cada una de las personas que vivirá en cohabitación debe contar con la representación de un abogado por separado. El acuerdo debe establecer, entre otras cosas, quién pagará cuáles gastos, las reglas referentes al acuerdo de convivencia y las reglas con respecto a la división de la propiedad adquirida de forma conjunta en caso de ocurrir una separación. Es mucho más fácil crear estas reglas cuando las personas que vivirán en cohabitación están en buenos términos que dividir los activos sin tener orientación después de una separación. Definir los derechos de propiedad antes que se presente un problema o desacuerdo evitará conflictos, así como el costo de resolver una disputa en caso que ocurra lo peor.

Algunas de las consecuencias fiscales de poseer bienes

Para efectos fiscales, las personas casadas pueden recibir un trato muy distinto al de las personas que no están casadas. Desde luego, con respecto al impuesto sobre la renta federal y a muchas leyes estatales del impuesto sobre la renta, las personas casadas pueden presentar una declaración conjunta del impuesto sobre la renta. También hay reglas especiales para las personas casadas en lo que respecta a la transferencia de bienes mediante donación o al momento del fallecimiento. Para los efectos del impuesto federal sobre donaciones y del impuesto federal de sucesión, una persona casada puede transferir cualquier cantidad de bienes a un cónyuge sin incurrir en el impuesto sobre donaciones (en vida) o el impuesto de sucesión (tras su fallecimiento) en virtud de la deducción marital.[17] Aunque puede parecer obvio, las transferencias realizadas a cualquier persona que no sea un cónyuge con quien se está legalmente casado, incluso si el donante y el donado viven juntos, no califican para la deducción marital.

Las transferencias pueden ser directas o indirectas. Cuando una persona realiza el pago de la obligación de otra persona, esto se considera una donación. En el caso de los cónyuges, la deducción marital ilimitada evita que tal transferencia esté sujeta al impuesto sobre donaciones. Sin embargo, una persona que satisfaga la obligación de alguien que no sea un cónyuge y supere la exclusión anual del impuesto sobre donaciones consumiría la exclusión de por vida del impuesto sobre donaciones a tal grado que el monto pagado supere la exclusión anual. [18] Una vez que la exclusión de por vida del impuesto sobre donaciones de una persona se haya consumido por completo, las donaciones adicionales que superen el monto de exclusión anual correspondiente a cada año generarían un impuesto sobre donaciones. Por ejemplo, supongamos que dos personas que viven juntas compran una residencia por $1,000,000 y asumen la titularidad en calidad de copropietarios. Supongamos también que una de las personas pagó el precio de compra total de la propiedad. Al recibir la titularidad, la persona que realizó el pago habría hecho una donación de $500,000 a la otra persona. Si la compra ocurrió en 2022, $16,000 de la donación serían compensados mediante la exclusión anual y $484,000 de la donación consumirían la exclusión de por vida del impuesto sobre donaciones. Además, si la persona que pagó la casa continuara pagando todos los costos acarreados de la propiedad, la mitad de dichos costos tendrían el mismo trato, es decir, se considerarían una donación al otro propietario. Hacer donaciones que superen el monto de exclusión anual requeriría que el donante presente una declaración del impuesto federal sobre donaciones, incluso si no hay un impuesto a pagar.

Además, los impuestos pagados después de la transferencia de la propiedad a una persona que no sea un pariente pueden ser más costosos que los impuestos pagados por una transferencia realizada a un cónyuge, hijo o hermano. La imposibilidad de aplicar una deducción marital para los efectos del impuesto de sucesión federal se ha mencionado anteriormente. Los impuestos testamentarios estatales también pueden ser más costosos en el caso de una propiedad que sea heredada a una persona que no es un pariente. Por ejemplo, en Pensilvania, una propiedad que sea heredada a una persona que no sea un pariente está sujeta a un impuesto sobre la herencia equivalente al 15 % de su valor, en comparación con el 0 % que se aplica a una propiedad heredada a un cónyuge (o a una entidad benéfica), el 4.5 % en el caso de una propiedad heredada a un descendiente directo y el 12 % en el caso de una propiedad heredada a un hermano.[19]

Otros asuntos familiares

Con frecuencia, las personas no casadas que viven juntas también viven con sus hijos. Si bien este artículo no tiene la finalidad de abordar todos los asuntos implicados en la crianza de los hijos (lo que de verdad es una subestimación), hay ciertos aspectos que se tienen que considerar cuando hay hijos de por medio.

Tutor sustituto

Si eres un padre o madre soltero que vive con un hijo menor de edad, muchos estados te permiten designar un tutor sustituto para tu hijo en caso que ocurra algo que te incapacite para cuidar a tu hijo.[20] Aunque el otro padre o madre del niño podría ser su tutor, en ocasiones el otro padre o madre no tiene la posibilidad de asumir ese cargo, por ejemplo, debido a que ese padre o madre ha fallecido o el tribunal ha extinguido sus derechos parentales. Piensa en todas las cosas que podrían evitar que estés disponible para tu hijo, desde la incapacidad hasta una estancia prolongada en el hospital. Un tutor sustituto podría garantizar que un adulto capaz siempre esté disponible para cuidar de tu hijo.

Manutención de los hijos

Incluso si no estás casado, si tú y otra persona tienen un hijo, se esperará que mantengas financieramente a ese hijo. La mayoría de los estados tienen pautas obligatorias sobre la manutención de los hijos para determinar el monto que se debe pagar por concepto de manutención de los hijos al padre o madre que tenga la custodia.[21] En algunos casos, el hecho de no pagar la manutención de los hijos ordenada por un tribunal puede representar un delito penal.[22]

Convivencia con los hijos

Debes conocer tus derechos con respecto a los hijos de la persona con quien cohabitas. Es posible que te consideres (y que los hijos te consideren) su padre o madre, sin embargo, en caso que tú y la persona con quien cohabitas se separen, si no eres el padre o madre biológico del niño y no tienes derechos de convivencia ordenados por un tribunal, es posible que se te niegue la posibilidad de ver a los niños o es posible que tu posibilidad de verlos sea limitada.[23]

Apoyo

No todos los estados permiten que una persona que no está casada con la persona que cohabita pretenda obtener apoyo financiero de la otra persona después de una separación.[24] Antes de cohabitar con otra persona, quizás debas considerar definir tus derechos en un acuerdo de cohabitación, en particular si la relación dificultará tu capacidad de obtener ingresos o provocará que realices sacrificios financieros. Por supuesto, las leyes de los diferentes estados pueden variar en gran medida. Antes de empezar a cohabitar con una persona que no sea tu cónyuge, debes buscar asesoría de un abogado con experiencia en derecho familiar que te pueda explicar tus derechos y proteger tales derechos.

Conoce tu relación y sus consecuencias

Las personas que no están casadas deben planificar para la vida al igual que todos los demás. Si no tienes un cónyuge que sea tu “pariente cercano” de forma predeterminada, es posible que se necesite una planificación especial para definir tus derechos independientemente de las relaciones que tengas. 

Es importante conocer las reglas predeterminadas de tu estado con respecto a la atención médica, la propiedad de bienes y la división y distribución de bienes después del fallecimiento. Debes consultar con los asesores legales, fiscales y financieros que te puedan ayudar a navegar las muchas relaciones que existen en la vida. 

Un estratega patrimonial de PNC Private Bank puede ser una parte integral de tu equipo asesor. Si deseas más información, ponte en contacto con cualquier miembro del equipo de PNC Private BankSM.

 

VERSIÓN DE TEXTO DE GRÁFICOS

Gráfico 1: MS-2
Edad promedio al momento del primer matrimonio: 1890 a la actualidad. Gráfico 2: La vida de soltero (ver imagen)

Año Edad de los hombres al momento del primer matrimonio[1] Edad de las mujeres al momento del primer matrimonio[1]
2021 30.4 28.6
2010 28.2 26.1
2000 26.8 25.1
1990 26.1 23.9
1980 24.7 22.0
1970 23.2 20.8
1960 22.8 20.3
1950 22.8 20.3
1940 24.3 21.5
1930 24.3 21.3
1920 24.6 21.2
1910 25.1 21.6
1900 25.9 21.9
1890 26.1 22.0


Gráfico 2. La brecha entre los estadounidenses casados y los que no están casados se ha reducido desde 1950 (ver imagen)

El gráfico incluye dos líneas: una línea naranja que representa a los estadounidenses casados y una línea amarilla que representa a los estadounidenses no casados. El eje inferior presenta los años en incrementos de 10 años desde 1950 hasta 2021. El eje izquierdo presenta el número de estadounidenses en millones.

A partir de 1950, había 74.4 millones de estadounidenses casados y 37.3 millones de estadounidenses no casados. Un gráfico de barras más pequeño indica que el número de personas no casadas se desglosa de la siguiente manera: 69 % nunca se casaron, 7 % divorciados y 24 % viudos.

Las cifras muestran una tendencia al alza, pero la brecha entre las dos líneas se reduce en la medida que pasa el tiempo. En 2021, el gráfico indica que hay 135.9 millones de estadounidenses casados y 130.3 millones de estadounidenses no casados. Un gráfico de barras más pequeño indica que el número de personas no casadas se desglosa de la siguiente manera: 68.4 % nunca se casaron, 19.9 % divorciados y 11.7 % viudos.