No tienes que tener una carrera en finanzas ni ser millonario para convertirte en inversionista. De hecho, si participas en el plan 401(k) de tu empleador, ya eres un inversionista, aunque quizás no lo hayas considerado de esa manera. Comprender lo básico sobre inversiones te puede ayudar a determinar la forma en que estas pueden encajar en tus planes financieros a largo plazo.

Empecemos con una definición simple: invertir significa poner tu dinero en uno o varios instrumentos de inversión (por ejemplo, acciones, bonos o fondos mutuos) con la esperanza de que crezca con el tiempo. Este es el motivo por el cual los expertos financieros con frecuencia dicen que las personas deben empezar a invertir a una edad temprana, cuando su dinero tiene décadas por delante para crecer.

Invertir es diferente a ahorrar en una cuenta de ahorros tradicional por el hecho de que ofrece la posibilidad de ganar una tasa de retorno más alta con el tiempo. NerdWallet ofrece un ejemplo de cómo una inversión podría crecer en 10 años:

Si inviertes $200 al mes durante 10 años y ganas un retorno anual del 6 %, tendrás $33,300 al finalizar dicho periodo de 10 años, es decir, los $24,200 que invertiste y $9,100 por los intereses generados.[1]

Sin embargo, esta no es una tasa de retorno garantizada, ya que puede ser más alta o más baja, dependiendo del rendimiento de la inversión. Es ahí donde entra la discusión referente al riesgo. Las inversiones también son diferentes a los ahorros tradicionales por el hecho de que conllevan cierto nivel de riesgo, lo que significa que puedes perder el dinero que inviertes debido a la volatilidad del mercado; por ejemplo, si inviertes mucho en una compañía que quiebra o en una nueva tecnología que no logra ingresar al mercado. Así que, si bien tienes la posibilidad de ganar más por tu dinero al invertir, también tienes la posibilidad de perder una parte o la totalidad de este.

El nivel de riesgo varía dependiendo de los instrumentos en los que inviertas. Por lo general, los asesores financieros recomiendan diversificar tu cartera de inversión, lo que significa invertir en una variedad de tipos de inversiones, para ayudar a reducir tu nivel de riesgo global. Aun así, una regla general entre los inversionistas es que nunca se debe invertir más de lo que te puedas permitir perder. Para los inversionistas principiantes, esto significa asegurar que tengas guardados ahorros para emergencias y que cumplas con todas tus obligaciones financieras tranquilamente antes de empezar a invertir.

Tipos de inversiones

De los diversos tipos de instrumentos de inversión, los más comunes son las acciones, los fondos mutuos, los fondos cotizados en bolsa y los bonos. Esta es una introducción muy breve de cada uno.

Acciones: una acción es una participación en la propiedad de una compañía. El precio de dichas participaciones puede variar entre una compañía y otra y de un día para el otro. Comprar una acción en una pequeña compañía emergente podría costar tan poco como $10 o menos, mientras que el precio de la participación en una compañía grande, conocida y próspera podría rondar los miles de dólares.

Fondos mutuos: son grupos de inversiones diversas que se agrupan en un solo fondo y por lo general se consideran menos riesgosos que las acciones individuales. Los fondos mutuos normalmente son una opción disponible para los participantes de los planes 401(k). Para los inversionistas individuales, ofrecen la ventaja de contar con una administración profesional, lo que significa que no tienes que seleccionar cuidadosamente las acciones y los bonos individuales, y que puedes lograr la diversificación mediante una sola compra.

Fondos cotizados en bolsa (EFT): los EFT también agrupan inversiones individuales a un precio de participación que puede ser más bajo que el de los fondos mutuos debido a la manera en que se administran y cotizan. Si bien los fondos mutuos son administrados activamente por profesionales, los EFT por lo general tienen una administración pasiva, la cual sigue un índice de mercado en particular, como el índice S&P 500.

Bonos: los bonos, que también se conocen como títulos de renta fija, por lo general representan una opción de inversión conservadora, lo que significa que ofrecen un riesgo más bajo que las acciones, aunque también ofrecen un retorno potencial más bajo. En general, los bonos pagan una tasa de interés fija durante un periodo de tiempo especificado.

Cómo empezar

Como se mencionó anteriormente, inscribirte en el plan 401(k) de tu empleador puede ser un buen lugar para empezar a invertir. También tienes la opción de abrir una cuenta individual para la jubilación, ya sea una IRA tradicional o una IRA Roth, para ahorrar para la jubilación.

Si además tienes metas de inversión que no estén relacionadas con la jubilación, entonces puedes abrir una cuenta de inversión con una empresa de corretaje. Algunas no tienen una inversión mínima especificada, por lo que puedes empezar con poco si así lo deseas y continuar desde ahí. Habla con un representante de inversiones para asegurar que comprendas los tipos de cuentas y servicios de corretaje que están disponibles para ti, y cuáles pueden ser más adecuados para ti. Puedes decidir que un profesional de inversiones administre tu cuenta, o bien, puedes realizar las operaciones en línea tú mismo.

Una vez que entiendas como se hace, puedes comprometerte a realizar depósitos con regularidad a tu cuenta de inversión. La constancia es la clave para hacer que tus inversiones trabajen para ti y avanzar hacia el logro de tus metas financieras.